Tradutor

Mostrando postagens com marcador Miami. Mostrar todas as postagens
Mostrando postagens com marcador Miami. Mostrar todas as postagens

segunda-feira, 6 de maio de 2013

Yoani Sánchez: "apenas" uma Cidadã


Miami, abril de 2013



"Em Cuba, ser cidadão é um ato contestatório, um ato de profunda rebeldia. Ser cidadão é um delito."


"Nada mais perigoso para o totalitarismo do que fazer perguntas. Nada mais corrosivo do que um indivíduo que tenta sair do controle."


"Eu tento me comportar como uma cidadã." 




Assista ao vídeo clicando aqui.

*

quinta-feira, 4 de abril de 2013

Cubanos. Nada mais.


YOANI SÁNCHEZ, LIVRE, FALA AOS CUBANOS EM MIAMI


- És de Cuba? Da Cuba de Fidel ou da Cuba de Miami?

- Sou cubana de José Martí.

O que levou pessoas do mundo todo a ver cubanos de dentro e cubanos de fora da Ilha como dois mundos separados, dois mundos irreconciliáveis?

Como foi que dividiram nossa nação? Como foi que um governo, um partido, um homem no poder, se atribuíram o direito de dizer quem devia levar nossa nacionalidade e quem não?

Por isso, hoje estou aqui diante de vocês, buscando a que nada, nunca mais, possa nos dividir entre um tipo de cubano e outro. Precisamos de vocês para a Cuba futura e precisamos de vocês para a Cuba atual.

Como muitos outros cubanos que cresceram sob uma só "verdade" oficial, despertamos. Temos de reconstruir nossa nação. Sozinhos não podemos. Ajudem-nos a unificá-la, a derrubar esse muro que, diferente do de Berlim, não é de concreto nem de ladrilhos, mas de mentiras, silêncios, más intenções.

Nesta Cuba com que sonhamos, não será preciso esclarecer que tipo de cubano alguém é. Seremos somente cubanos, cubanos e ponto, cubanos.

(trechos do manifesto de Yoani Sánchez a cubanos exilados em Miami, no último primeiro de abril, na Torre da Liberdade)




Cubanos y punto



Hace unos años, cuando salí por primera vez de Cuba, estaba yo en un tren que partía desde la ciudad de Berlín hacia el Norte. Un Berlín ya reunificado, pero que todavía conservaba fragmentos de esa fea cicatriz que fue aquel muro que dividió a una nación. En el compartimento de aquel tren y mientras recordaba a mi padre y mi abuelo ferroviarios, que hubieran dado cualquier cosa por viajar en esa maravilla de vagones y locomotora, entablé una conversación con un joven que iba sentado justo frente a mí. Después del primer intercambio de saludos, de maltratar el idioma alemán con un “Guten Tag” y aclarar que “Ich spreche ein bisschen Deutsch”, el hombre me preguntó inmediatamente de dónde yo venía. Así que le respondí con un “Ich komme aus Kuba”. Como siempre ocurre después de la frase de que uno viene de la mayor de las Antillas, el interlocutor trató de demostrar lo mucho que sabía sobre nuestro país. Normalmente, durante ese viaje me encontraba con gente que me decía “ah… Cuba, sí, Varadero, ron, música salsa”. También hallé hasta un par de casos que la única referencia que parecían tener sobre nuestra nación era el disco “Buena Vista Social Club”, que justamente por esos años estaba arrasando en popularidad en las listas de temas más escuchados. Pero aquel joven en un tren de Berlín me sorprendió. A diferencia de otros no me respondió con un estereotipo turístico o melódico, llegó más allá. Su pregunta fue: “¿Eres de Cuba? ¿De la Cuba de Fidel o de la Cuba de Miami?

Mi rostro se puso rojo, se me olvidó todo la poca lengua germana que sabía y le respondí en mi mejor español de Centro Habana: “Chico, yo soy cubana de José Martí”. Ahí terminó nuestra breve conversación. No obstante, el resto de viaje y el resto de mi vida, he tenido muy presente aquella charla. Me he preguntado muchas veces qué ha llevado a aquel berlinés y a tantas otras personas en el mundo a ver a los cubanos de dentro y de fuera de la Isla como dos mundos separados, dos mundos irreconciliables. La respuesta a esa pregunta recorre también parte del trabajo en mi blog Generación Y. ¿Cómo fue que dividieron nuestra nación? ¿Cómo fue que un gobierno, un partido, un hombre en el poder, se atribuyeron el derecho de decidir quién debía llevar nuestra nacionalidad y quién no? La respuesta a esas preguntas la saben ustedes mucho mejor que yo. Ustedes, que han vivido el dolor del exilio, que partieron la mayoría de las veces sólo con lo que llevaban puesto. Ustedes, que dijeron adiós a familiares, a muchos de los cuales nunca más volvieron a ver. Ustedes que han tratado de preservar a Cuba, la única, la indivisible, la completa, en vuestras mentes y vuestros corazones.

Pero yo sigo preguntándome ¿Qué pasó? ¿Cómo fue que el gentilicio de cubano pasó a ser algo que sólo se otorgaba por considerandos ideológicos? Créanme que cuando uno ha nacido y crecido con una sola versión de la historia, una versión mutilada y conveniente de la historia, no puede responderse esa pregunta. Por suerte, del adoctrinamiento siempre es posible despertar. Basta que cada día una pregunta, cómo ácido corrosivo, se nos adentre en la cabeza. Basta que no nos conformemos con lo que nos dijeron. El adoctrinamiento es incompatible con la duda, el lavado de cerebro termina justo cuando ese mismo cerebro empieza a cuestionarse las frases que le han dicho. El proceso de despertar es lento, comienza como un extrañamiento, como si de pronto le vieras las costuras a la realidad. Así fue como se inició todo en mi caso. Fui una pionerita adocenada, todos ustedes lo saben. Repetí cada día en los matutinos de la escuela primaria aquella consigna de “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”. Corrí infinidad de veces con la máscara antigás bajo el brazo hacia un refugio, mientras mis maestros me aseguraban que pronto seríamos atacados desde algún lugar. Lo creí. Un niño siempre cree lo que le dicen los mayores. Pero había algunas cosas que no encajaban. Todo proceso de búsqueda de la verdad tiene su detonante. Justo un momento en que una pieza no encaja, en que algo no tiene lógica. Y esa ausencia de lógica estaba fuera de la escuela, estaba en mi barrio y en mi casa. Yo no entendía bien el por qué si aquellos que se habían ido en el Mariel eran “enemigos de la Patria”, por qué mis amigas estaban tan felices cuando alguno de aquellos parientes exiliados les enviaba algo de comida o de ropa. ¿Por qué esos vecinos que habían sido despedido con un acto de repudio en el solar de Cayo Hueso donde yo había nacido, eran los que mantenían a la madre anciana que había quedado atrás, quien regalaba parte de aquellos paquetes a los mismos que habían lanzado huevos e insultos a sus hijos? Yo no entendía. Y de esa incomprensión, dolorosa como todo parto, nació la persona que soy ahora.

Por eso, cuando aquel berlinés que nunca había estado en Cuba intentó dividir mi nación, salté como un gato y lo encaré. Por eso, estoy aquí ante ustedes hoy, tratando de ayudar a que nadie, nunca más, pueda dividirnos entre un tipo de cubano u otro. Los vamos a necesitar para la Cuba futura y los necesitamos en la Cuba presente. Sin ustedes nuestro país estaría incompleto, como alguien a quien se le ha amputado sus extremidades. No podemos permitir que nos sigan dividiendo. Como mismo estamos luchando para que habitar un país donde se permitan los derechos a la expresión, la asociación y tantos otros que nos han arrebatados; tenemos que hacer todo - lo posible y lo imposible - porque ustedes recuperen esos derechos que también les han sido quitados. Es que no hay un ustedes y un nosotros… solo hay un “nosotros”. No permitamos que nos sigan separando.

Aquí estoy porque no me creía la historia que me contaron. Como muchos otros tantos cubanos que crecieron bajo una sola “verdad” oficial, hemos despertado. Tenemos que reconstruir nuestra nación. Nosotros solos no podemos. Los aquí presentes - y bien que lo saben - han ayudado a muchas familias de la Isla a poner un plato de comida sobre la mesa de sus hijos. Se han abierto camino en sociedades donde tuvieron que empezar desde cero. Han llevado y cuidado a Cuba. Ayúdennos a unificarla, a derrumbar ese muro que a diferencia del de Berlin, no es de concreto ni ladrillos, sino de mentiras, silencios, malas intenciones.

En esa Cuba con la que muchos soñamos no hará falta aclarar qué tipo de cubano uno es. Seremos cubanos a secas, cubanos y punto, cubanos.

[Texto leído en acto realizado en la Torre de la Libertad, Miami, Florida, el 1° de abril de 2013]


*

domingo, 31 de março de 2013

Yoani Sánchez e a "Cuba fora de Cuba"


YOANI SÁNCHEZ, LIVRE, PELO MUNDO


Estou descobrindo minha própria pátria em cada um destes cubanos dispersos pelo mundo. (...) Como foi que permitimos que uma ideologia, um partido, um homem, se sentiram com o "divino" poder de decidir quem podia levar ou não o gentílico de "cubano"?


Yoani em Miami  Twitter @yoanisanchez


Flan de coco

"Cachita": Virgem da Caridade, padroeira de Cuba

He encontrado a Cuba fuera de Cuba, le dije hace unos días a un amigo. Se río con mi juego de palabras, creía que yo intentaba hacer literatura. Pero no. En Brasil una septuagenaria emocionada me regaló un medalla con la Virgen de la Caridad del Cobre. “No he vuelto desde que me fui en 1964″, confirmó mientras me entregaba aquella pequeña joya que había pertenecido a su madre. Durante mi estancia en Praga, un grupo de compatriotas radicados allí parecía estar más al tanto de lo que ocurría en nuestro país que muchos que vegetan - dentro de él - en la apatía. Entre los altos edificios de New York una familia me invitó a su casa y la abuela hizo un “flan de coco” a la usanza de nuestra cocina tradicional, tan menoscabada en la Isla por el desabastecimiento y las carencias.

Nuestra diáspora, nuestro exilio, está conservando a Cuba fuera de Cuba. Junto a sus maletas y el dolor de la distancia, han preservado trozos de la historia nacional que fueron borrados de los libros de textos con los que varias generaciones hemos sido educados o, mejor dicho, adocenados. Estoy redescubriendo a mi propia patria en cada uno de estos cubanos dispersos por el mundo. Cuando compruebo lo que han llegado a ser realmente, lo contrasto con aquello que la propaganda oficial me ha dicho de ellos y termina dándome una tristeza enorme con mi país. Por todo este caudal humano que nos hemos perdido, por todo este talento que ha tenido que volcarse fuera de nuestras fronteras y por todas esas semillas que han debido germinar en otras tierras. Cómo fue que permitimos que una ideología, un partido, un hombre, se hayan sentido con el “divino” poder de decidir quién podía llevar o no el gentilicio de “cubano”.

Ya tengo la prueba de que me mintieron, nos mintieron. Nadie ha tenido que decírmelo, me he dado cuenta por mí misma al ver toda esa Cuba que hay fuera de Cuba, ese país inmenso que ellos han salvaguardando para nosotros.


*